Para almas sensibles: Estos artículos están basados en historias reales. Ello no impide que parte de su contenido se encuentre distorsionado por los efectos que el alcohol ha causado en nuestros redactores a lo largo de años de ingesta de segoviano y de otros placeres. No pretenden herir la sensibilidad de ningún aludido y no incluyen I.V.A.. La Ley obliga a tomárselos con buen humor, cachondeo y un pelotazo whisky.

viernes, 6 de julio de 2001

¡Mark, Thanks for your music!


El pasado 2 de Julio Mister Mark Knopfler se acercó a Madrid y Cuchi, Dus, Popeye y Pintiño estaban allí. Pese a que en estos tiempos que corren solo parecen triunfar moñas del estilo de Ricky Martin o Enrique Iglesias la Plaza de Toros de Las Ventas estaba a rebosar de fieles del Dios de la guitarra que no le olvidan. Mark interpretó himnos de siempre de los Dire Straits, Romeo & Juliet, So Far Away, Telegraph Road o Walk of Life y canciones de su último álbum como Junkie Doll o What It Is. El concierto comenzó con Calling Elvis, que en directo es la hostia, tocó Sultans Of Swing como en los viejos tiempos, con una banda de dos guitarras, bajo y batería, y en Money for Nothing hizo una introducción novedosa atreviendose a tocar el slade, continuando con un solo de batería terrorífico para acabar con la contundencia sonora habitual de este tema. El muy Cabrón sigue haciendonos vibrar en sus temas mas enérgicos. En Brothers In Arms nos demostró como se puede hacer llorar a una guitarra. Además se saco de la manga una nueva canción, Pyroman (o algo así) en la que demostró que en lo que a Rock se refiere, él sigue teniendo los huevos en su sitio. Entre tema y tema el publico realizaba reverencias a Dios acompañadas de gritos como ¡Knooooopfler, Knooooopfler! o ¡Magreeeeeeeooeeeee, Magreeeeeeooeeeee!. Después de varios bises terminó esta gran noche con la magia de Going Home, acompañado a los teclados de su inseparable amigo Guy Fletcher.
Finalizado el concierto, nos echamos un pito, como si aquello hubiera sido el polvo del siglo y para celebrar nuestra fortuna buscamos un bar entrañable donde pasar la noche y emborracharnos a la salud de Mark. Era lunes y solo encontramos un bar de pijos "El Doblón" donde clavaban de cojones por las copas, pero todo daba ya igual. Nuestras pintas eran inapropiadas para entrar en ese garito tan exclusivo lo que nos llevó a aprovechar un descuido del segurata de la puerta para poder pasar, cuando descubrió que habíamos tomado el barco ya nos habíamos echo fuertes en el local y teníamos las copas de la mano por lo que no pudo tocarnos los huevos, que era lo que su mirada delataba que quería hacer. A las seis de la mañana y bastante perjudicados cerramos el antro, que era ya nuestro por completo. 
En fin, una de esas noches en las que te das cuenta de lo grande que es el Rock&Roll y de todo lo que le debemos. 

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